domingo, 29 de diciembre de 2013

RESEÑA DE 22/11/63 DE STEPHEN KING.



La lejana e hipotética posibilidad de los viajes en el tiempo siempre nos plantea, de entrada, un amplio abanico de dilemas tremendamente complejos para el pensamiento humano contemporáneo. Las paradojas temporales se multiplican con el solo pensamiento de que pudiera darse algo semejante en nuestra realidad más tangible. Siempre nos vemos, en gran medida, paralizados ante las consecuencias que pudiera acarrear algo tan complejo, ya que nuestras limitaciones imaginarias chocan frontalmente con cada uno de esos escollos que al momento nos impone la comprensión humana del concepto en sí. Pero es innegable que resulta divertido fantasear con todo ese conglomerado y laberíntico universo que podría desatarse de un viaje que sobrepasara esas fronteras espacio-temporales. Siempre y cuando, claro está, esa ilusoria idea esté delimitada por unos márgenes medianamente sencillos y no decidamos complicarnos demasiado, tratando de asimilar conceptos que quizás nos sean por el momento inaccesibles.
 En la presente novela, el maestro King acota ese concepto bajo unas premisas que nos permiten adentrarnos durante algunas horas en un universo que logra romper el tejido del tiempo y el espacio sin que nuestra mente roce demasiado la locura. Establece unas fronteras, limitándose tan sólo a llevarnos de la mano a través de un paseo por tiempos pretéritos, que nos hará más deliciosa la experiencia, sin llevar demasiado lejos todo ese mosaico de planteamientos. Todo queda agradablemente reducido, por tanto, a un espacio temporal muy concreto y a una meta muy clara. Aunque no por ello la consecución de esa meta dejará de estar muy sujeta a las terribles consecuencias de lo que hemos dado en llamar "efecto mariposa". Cada acto de sus crononautas podrá desatar verdaderos huracanes de paradojas en el tejido espacio-temporal, es cierto. Pero esas tormentas no revelarán su fuerza demasiado pronto en la novela y podremos disfrutar plenamente del viaje mientras este dure. 
 King ha elegido una época que sin duda, y como ha dejado claro en varias de sus obras, le resulta particularmente atractiva. De hecho, hay claros guiños a algunas de sus novelas más conocidas, como por ejemplo "Christine". Ese extraño magnetismo con el que dotó al Plymouth Fury del 58 volverá a ejercer, aunque de manera fugaz y durante unas pocas páginas, su misteriosa fuerza sobre nuestras mentes. La orquilla espacio-temporal será fijada desde ese mismo año hasta el sesenta y tres. En este último tendrá lugar el trágico suceso en torno al que girará toda la trama; el asesinato del presidente Kennedy.
 La meta del protagonista, de ese crononauta de King, está suficientemente clara en vista de lo anteriormente dicho y, por tanto, no ahondaré más en todo ello.
 Los personajes del escritor de Bangor siempre destacan, a mi juicio, por lo profundo y real de su construcción. Este caso no será una escepción. King nos hace empatizar de manera tal con sus protagonistas que pronto nos sentimos llevados por sus emociones, llegando incluso a considerarlos muy queridos. Todo lo que le ocurre a este particular crononauta nos hará sentir muy dentro lo que bulle en su interior. 
 La obra está teñida de un sentimentalismo que, sin embargo, no llega nunca a resultar edulcorado para nada. No solo hay cabida en ella para la intriga, el suspense o lo trágico, sino que también notaremos ese halo de ternura que la hará un poco más cercana en ciertos aspectos humanos.
 Una interesante paradoja dentro de la novela, es la extraña circunstancia de que un hombre de nuestros días pueda llegar a encontrar su verdadero hogar en un tiempo pasado donde ni siquiera él existía. Esa tierra pretérita llegará a convertirse en su destino futuro. Allí encontrará a las personas que no pudo hallar en el año 2.011 y todos los anteriores de su antigua vida, donde la senda de la misma corría por un rumbo más comprensible para la cronología de la existencia tal y como la conocemos. Se convertirá en uno más dentro de una comunidad en la que se encuentra a gusto y sentirá con más intensidad que nunca los pequeños placeres de la existencia. Pero la mente del ser humano está algunas veces tristemente programada para acatar un orden muy concreto, que a menudo le aleja de lo que verdaderamente quisiera. Su nueva vida se verá ferozmente azotada en numerosas ocasiones, por tanto,  por la tragedia de lo imposible.
 Poco a poco iremos llegando al culmen de esa carrera en ocasiones frenética que supone el pretender alcanzar algo quizás imposible. Y durante ese proceso iremos disfrutando, asombrándonos y sufriendo con los vaivenes de un curso temporal tan asombroso como repleto de sorpresas.
 Cabe mencionar lo escrupulosamente documentado de la obra. King parece haber hecho un trabajo espléndido a la hora de recabar información con la que construir el escenario de su obra para que todo parezca realmente coherente. Eso sí, dentro, obviamente, del terreno movedizo en el que ha decidido adentrarse. Aunque también debe quedar claro que el autor ha decidido, en algunos casos, y como luego aclarará, mover algunas fichas históricas a su antojo, con el fin de que su historia pueda ser construida tal y como a él le interesa.
"22/11/63" se trata, a mi juicio, de una de las mejoras novelas del escritor de Bangor. Me ha resultado tremendamente entretenida, entrañable e incluso dada a hondas reflexiones. Logra relatar con sencillez y cercanía la experiencia de este crononauta salido de su imaginación, e incluso hacer que el corazón de uno palpite al ritmo de sus sentimientos. Con un final absolutamente emotivo que ha logrado arrancarme una sonrisa sincera e incluso unas lágrimas de pura complicidad.

 Y por último, para ambientar un poco esta humilde reseña, os dejo con una imagen lo bastante evocadora como para sentir de nuevo parte de esas emociones vividas junto a ese crononauta llamado Jake Epping.  Quienes hayan leído la novela sabrán muy bien a qué me refiero exactamente.


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